Espiritualidad

A PROPÓSITO DEL MENSAJE DEL SANTO PADRE EL PAPA BENEDICTO XVI PARALA XLIV JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

“Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano”.

Uno de los aspectos que me llaman la atención del Santo Padre el Papa Benedicto XVI, además del claro sentido pedagógico de cada una de sus intervenciones, es su asertividad al referirse a personas concretas, sectores de la Iglesia, a los que dirige algún mensaje. Tal vez sea un modo de leer personal, sin embargo noto una gran preocupación por hablar claro siempre, especialmente a los sacerdotes. No es una excepción cuando nos envía el Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Después de una breve introducción, recuerda, en el segundo párrafo, lo fundamental del ministerio sacerdotal. Es un modo de centrar al sacerdote en lo que es la fuente de su identidad, de su espiritualidad, el ejercicio de la predicación de la Palabra que se encarna, y comunicar la gracia que nos salva mediante los Sacramentos. Une los dos aspectos que, todavía, para algunos sacerdotes son ocasión de conflicto, de confusión y, a veces, de huir del compromiso de ir a los alejados.

El punto de llegada es la comunión con Dios, tanto de parte del sacerdote como de los fieles a quienes atiende. “Hay de mí si no evangelizara”, es el texto paulino con el que el Papa describe, como consecuencia de esa comunión con Dios, la preocupación que debe haber en el corazón del sacerdote para realizar su misión a través de los medios digitales “en un contexto de grandes cambios culturales que se notan, especialmente entre los jóvenes”.

Llama la atención que el Santo Padre va enlazando realidades que expresan una preocupación de la Iglesia en las diversas latitudes. Ya nos ha externado su interés tres líneas: el cambio cultural, la realidad digital y la situación juvenil. Unido a esto, la preocupación por los sacerdotes, por que logren su felicidad al comprender su identidad, su existencia en el ministerio.

Ahora, como haciendo eco de un clamor que surge de la realidad, señala: “se pide a los sacerdotes la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio”. Esta frase es fuerte. A los sacerdotes se les pide una capacidad específica. ¿La tenemos? Hay que decir, de inmediato, que dicha capacidad ha de estar unida a una actitud. La capacidad es algo muy práctico, de participar en el mundo digital. Es admirable ver sacerdotes de edad avanzada que han logrado entrar a este mundo. Parece que todavía es bajo el número de sacerdotes nativos digitales, si consideramos que la edad mínima para la ordenación es de 25 años y que, en la actualidad, la mayoría rebasa esa edad al recibir la ordenación, el 1985 todavía no es un momento de fuerte impacto digital, era incipiente; ciertamente muchos actuales sacerdotes jóvenes eran adolescentes cuando el mundo comienza a caminar en la “era digital”. La mayoría de los sacerdotes no serían considerados nativos sino migrantes digitales.

El otro aspecto, la actitud que se le pide al sacerdote, es válida desde siempre, es permanente, para todos, jóvenes, edad mediana, mayores, pues se trata de la constante fidelidad al mensaje del Evangelio. Apoya esta actitud con tres elementos: una sólida formación teológica, una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor y, esto, porque debe “trasparentar… su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la ‘red’”. El sustento de la comunicación digital, del uso de la red, es la caridad sacerdotal que sostiene toda comunicación.

Para su formación permanente integral, puede incursionar el presbiterio en una seria antropología y una profunda teología de la comunicación. Comenzar desde ahí para pasar al uso de los medios primero, después a la traducción del Mensaje del Evangelio en el lenguaje nuevo que estos medios ofrecen.

La Iglesia es, ante todo, un acontecimiento comunicativo. Su eje de vida, su lenguaje es la Palabra de Dios. Por eso no puede ser un simple usuario de los medios. Uno de los desafíos que, sin expresarlo directamente, el Papa señala, es el de la deshumanización a causa del uso de los medios. El sacerdote ha de asegurar siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales.

“Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano”. Es una frase que acusa firmeza, convicción, claridad para la vida sacerdotal en este Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Para nosotros, diáconos, presbíteros y obispos, es un llamado a la conversión pastoral en orden a la Misión de la Iglesia.

En el contexto de la vivencia del tiempo de la Cuaresma, hablando de la conversión en la justicia, es importante acoger este Mensaje como un llamado a actuar con justicia delante del Padre y de los fieles a quienes la Iglesia nos ha enviado para anunciar a Jesucristo con un nuevo lenguaje; el hombre de hoy lo necesita para encontrar su sentido, su misión, su vocación al Padre. “Que el Señor nos convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en el nuevo ‘ágora’ que han dado a luz los nuevos medios de comunicación”.



+Guillermo Ortiz Mondragón
Obispo de Cuautitlán
Comunicación Digital y RIIAL CELAM



Fuente: PCCS